Perdón Señor


Ya no hay mañana con esta conducta, no hay vida donde se engendra muerte. Yo te he fallado Señor, y no me cabe en la cabeza semejante acto de traición mi parte, de mí, que te busco tanto. No cabe lugar a dudas, este acto me puede llevar a la perdición. Lo sabes tu, lo sabía yo cuando pecaba, antes de pecar. Se me viene a la cabeza la palabra de Pablo en este momento.

Qué será de mí sin ti Señor? No me abandones por favor. No soy nada sin ti.

13 de abril de 2013 at 2:02 pm Deja un comentario

Mujer Valiente


Era de mañana, un día normal, como cualquier otro, los buses escolares pasaban según lo acordado en el contrato, los pájaros también cumplían con su parte cantando alegremente en uno de los muchos días de verano en esta parte del mundo. Las cacerolas hacían hervir el aceite y el desayuno que desde hace tanto tiempo se viene cocinando en ellas.

Una dulce voz dice mi nombre, me llama para avisarme que la comida está lista, que ya será hora de irme a la universidad. Yo, con las ganas más fervientes de no prestar atención a esas palabras acomodo mi almohada y me doy vuelta hacia otro lado. “Ha sido un día difícil” me digo a mí mismo respecto al día anterior, mucho juego, mucha plática, poco estudio y pocas muestras de amor para mi alrededor. Escucho nuevamente esa dulce voz que me dice que la comida se va a enfriar, con un tono dulce y cansado, como si no quisiera seguir con la misma historia de día a día: el teléfono que suena para cobrar tarjetas de crédito, el tráfico que ayuda a que el jefe se moleste con cualquier llegada tarde, el carro, que cansado de tanto andarde repente decide no encender, o apagarse en el camino. Muchas son las razones para cansarse de esa forma de vida, pero ella, valiente, sigue adelante, con el único propósito de obtener una vida mejor para su familia, a costa de todo, incluso muchas veces de su misma salud.

Minutos más tarde, escucho nuevamente una voz, pero esta vez no es tan dulce, me regaña y me llama por mi nombre: “Y entonces, cipote haragán, ¿no pensás levantarte?”. En ese momento me doy cuenta que no hay nada en juego, seguir durmiendo ya no es una opción, es más una misión imposible a la cual es mejor desistir. Luego de levantarme escucho el sermón de casi todas las mañanas, que nadie es de piedra, que hay que luchar por salir adelante, que si no estudio no voy a ser nadie en la vida, esas entre miles de frases más se me repiten día a día. Yo, como todo buen adolescente aprendo las palabras, pero no la lección, y la vida me sigue llevando por donde mejor le plazca, si me va bien en la universidad, excelente, si no, pues otra vez será. Nada me importa, ni la delincuencia ni el ahorro, mi vida sólo es, y ya.

Ese día la universidad fue normal, alguna prueba que seguro reprobaré, alguna clase que no disfrutó de mi presencia, algún amigos que me cuenta alguna novedad sobre tecnología, todo sigue su rumbo normal, al menos el rumbo que debe seguir la vida de uno que no se interesa en nada ni le pone amor a nada.

Y si el día fue tan normal, ¿por qué valdría la pena escribir sobre él? pues seguramente por la noticia que llegó la tarde en que mi madre llegó de trabajar.

“Me voy” dijo, “me voy para buscar un futuro mejor, aquí ya no hay nada para mí, y si sigo aquí no podremos sobrevivir”. Palabras difíciles de digerir fueron en ese momento, en el que tal vez por primera vez había que prestar atención. Mi madre se iba de este país para trabajar en el extranjero, y nos dejaba a mi hermana y a mí en la soledad que sólo a ella le podría doler más que a nosotros. El mundo se me vino encima, la comida que, en adelante tendría que preparar yo, la ropa que tendría que lavar, la dulce voz que se transformaría en cinco alarmas para despertarme, el cerrar la casa por la noche, lavar el carro, comprar comida, esas fueron tal vez los primeros pensamientos que vinieron a mi mente, y la lista apenas comenzaba. Y si todo eso pasaba por mi cabeza, no quiero imaginar cuántas cosas habrán pasado por la cabeza de mi madre, que no sólo no dejaba a nosotros dos, sino que dejaba a toda su familia, todo su alrededor. Su madre, sus hermanos, sus amigos, su trabajo, su país, todo quedaría atrás en tan sólo unos días, y yo aun no creía que eso fuera verdad.

Hoy ya son aproximadamente cuatro años desde que ella se fue. Y las cosas, aunque fueron en extremo difíciles al principio, ahora pintan de un mejor color. El hogar sobrevive por el dinero que quincenalmente llega desde el extranjero, por la determinación de los hijos de esa mujer valiente de corresponder a su enorme esfuerzo. Quizá en mayor medida, este hogar sigue a flote únicamente por voluntad divina, sin la cual nada de esto sería posible.

Hoy es de madrugada, y por más que quisiera, no puedo irme a dormir así, vacío. No puedo descansar sabiendo que mi madre lucha incansablemente durante tanto tiempo lejos de su familia, y sigue día a día en pie. Posiblemente estará pensando desde que se fue con la mañana que se despierte y vuelva a llamar con dulce voz a su hijo, que ya no es tan haragán, posiblemente piense a toda hora en el momento de volver a disfrutar una tarde con su madre. Es probable que mi madre siga en pie con el único propósito de ver a sus hijos triunfar en la vida. Lo que sí es un hecho es que mi madre sigue lejos de todo lo que ama, sigue cada mañana luchando contra las adversidades de un lugar que después de tantos años no puede llegar a ser familiar. Lo que si doy por cierto es que mi madre se levanta día a día extrañando su tierra, extrañando la comida y la gente de aquí, sigue trabajando porque conoce la crueldad en esta tierra, pero más que nada conoce el amor. Seguro que mi madre no dormirá tranquila hasta saber que todo por lo que luchó se volvió realidad.

Yo no tengo con qué dar gracias a tanto amor de su parte, a tanta misericordia de parte de Dios por regalarme a la madre perfecta. Es ella la que me enseña el valor, la lucha y la entrega. Es ella la que cada mañana me alienta a seguir adelante, porque cualquier esfuerzo que haga no será ni por cerca cercano al esfuerzo que ella ha hecho por mí, por nosotros los que ama.

Gracias madre, por ser la mujer más valiente que conozco, porque con toda tu vida me das un ejemplo al cual seguir. Eres la heroína de mi vida, la mujer que hace posible todo lo que soy. Gracias a Dios porque conociendo su creación, vio que era necesario mostrarle una parte de cuánto El nos ama. Gracias a Dios por todo, y a mi madre por ser la mujer más valiente que jamás conocí, porque sin luchar con armas de fuego haz ganado más batallas que cualquier veterano de guerra, porque me has amado como sólo Dios me puede amar, porque aun conociéndome, con todos mis defectos me has dado mil oportunidades para salir adelante.

Saldremos adelante. Te amo

17 de marzo de 2013 at 1:15 am Deja un comentario

Un mal recuerdo


“Tomó su cara con miedo y determinación a la vez, mientras ella sonreía y le miraba con timidez, le vio acercar su hermoso rostro lentamente. Cerraron sus ojos, palpitaban rápido sus corazones, desde hacía mucho lo habían deseado, era el momento perfecto, él le quería y ella…”

Continue Reading 2 de julio de 2012 at 1:23 am Deja un comentario

Rumbo al regreso


“Casi puedo verte caminar hacia mí, con el pelo suelto y una bella pulsera en la muñeca; de falda y sonriente te veré, como dando el ejemplo de cómo una mujer debe verse en un día de verano…”

Continue Reading 17 de mayo de 2012 at 3:33 pm Deja un comentario

Un beso a la distancia


Hoy no puedo más que regalarte una primavera que ya casi termina, una margarita tirada al suelo, un abrazo de buenas noches que no te di. Hoy pierdo la esperanza de verte mientras me tomo solo el café de la tarde, cuando sé que te extraño y que no volverás.

Suena mi celular y cae un mensaje que no es tuyo, y a pesar que te extraño sólo deseo que tengas una feliz noche. Descansa el hombre luego de hacer su trabajo, descansan las delicadas margaritas que corté en la noche pensando en ti, descansas tú que pasaste feliz la velada, mas no puedo dormir yo, no sin decirte que llevo un día entero sin sacarte de mi cabeza, como un encanto que levemente me domina los deseos y las fuerzas, que me hace débil a tu presencia y despierta en mí lo que poco hace falta para despertar. El amor que siento por ti se hace cada vez más fuerte mientras te tenga a mi lado, más firme cuando estás a kilómetros de distancia, me vuelvo loco cuando escribo, y poco cuerdo apuesto mi vida con tal de ver cómo recoges tu pelo y me dices cuánto calor hace.

Hipnotizan mis ojos la seguridad y la pasión con que hablas en lo que crees, ver tu rostro serio no es más una tortura pensando en si será mi culpa. Dolor es hoy para mí escudriñar los motivos de tu partida, que sereno y calmado veo tan estúpidos e infantiles, mas difíciles y fuertes son problemas que eso trajo. Y aun así no tengo miedo de dedicarte esa canción que hace tanto me hace pensar en ti, sin saber siquiera si habrás notado mi intención de llamar tu atención.

Predecibles son mis acciones al verte a tan poca distancia, ofrecidas y abundantes son mis sonrisas para hacerme notar entre tanta gente, como mis atenciones contigo al servir la mesa y comenzar la reunión. Contradictoriamente, no deseo nada a cambio, y quiero que veas que estoy allí, llamándote en secreto y regalándote mi motivación, mi amor y mis anhelos contigo.

Sin que se vea, trato de rozar tu mano para saber cuánto late tu corazón, y es que aunque al final no importe, deseo saber lo que sientes al tener cerca a este que te dedica sus emociones.

Alegría siento hoy que sé que es Dios el que suscita hoy tan noble entrega, sin que se note, veo que estás allí y me importa, veo tu necesidad y voy por ella, con el simple deseo de hacerte feliz, de ver en tu rostro la alegría de verte atendida, que para alguien, de entre tantos, jamás pasarás desapercibida.

Hoy te dedico un adagio inspirado en tu nombre, la emoción de escucharte lanzada a la soledad. Hoy te dedico un beso a la distancia, mi más sincero deseo que seas, no por mí, la persona más feliz en este mundo. Te dejo aquí si lo deseas, si me lo pides, sólo diré adiós.

5 de mayo de 2012 at 3:25 am Deja un comentario

No me pude resistir


“Quédate un poco más, aun falta tiempo para que salga el sol. Quédate, ya he pensado lo que quiero prepararte para el desayuno. Y si te vas, déjame grabado el secreto de uno de tus besos, la llave que encadena nuestras manos…”

Continue Reading 4 de mayo de 2012 at 4:04 am Deja un comentario

Eres de Otro


Tienes el cabello suelto, las manos sudadas, los pies cruzados y los ojos brillantes.

Se te ve al caminar cierto aire de regocijo, como si el mundo a tu alrededor te perteneciera, como si no hubiese otra cosa más hermosa que tu presencia.

Te vuelves aire al tratar de tocarte, quimera de mil colores, que alientas mis sueños y esperanzas, prometiéndome un mejor mañana sólo con sentir tu presencia cerca de mí.

Eliminas los miedos, los sabores y la seguridad de este que hoy te alaba, y sin querer le das luz a los caminos oscuros, alegría a los corazones rotos. ¿Qué te ha pasado, rosa de verano, que cuando sonríes no me miras a los ojos?

Umbral oculto son tus intenciones, espina al corazón sería conocerlas, pues bien alientas e incitas mis palabras de amor a tu belleza, pero te olvidas de hacer latir tu corazón como lo hace el mío ahora.

Desaparece la dicha de conocerte, y el temor de haberte visto ayer me doy cuenta es por otro que te escribe. No me conozcas más, manjar para mil paladares, que no eres tu la mujer de la que me enamoré.

Olvida mi deseo de tenerte, que como insignia llevo orgulloso en el pecho, olvida el nombre que te hizo suspirar hace tan poco tiempo, no sea que lo invoques tratando de hablarle a él. Olvida mi rostro, mi mirada y mis manos, pues tuyas fueron y ayer las rechazaste, tuyo fui por completo y hoy me enseñas esta amarga realidad.

Toma la verdad que nace de tu boca y arrójala al mar, que sea él quien ahora guarde tus secretos, mas de mi por favor olvídate, que no tengo más que tristeza por conocerte y haberte perdido, por ahora amarte y no ser correspondido.

Desaparece este momento a solas que te he regalado, y desvanezco yo con él, distante e indiferente de esta nueva verdad que suscita y teme mi corazón: Eres de otro.

16 de abril de 2012 at 1:31 pm Deja un comentario

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